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La historia de las Balanzas

 

Las balanzas tal y como las conocemos son artilugios relativamente modernos, aunque su historia en realidad se remonta casi a los albores de la humanidad, cuando los egipcios se empezaron a dar cuenta de que para que las transacciones comerciales fueran realmente rentables les hacía falta algo con lo que medir los productos que iban a vender. Así es como nació la balanza, aunque para llegar hasta la balanza comercial que conocemos hoy tuvieron que pasar miles de años y una revolución industrial.

 

Las primeras balanzas

 

Los egipcios empezaron a usar un pequeño poste con una barra cruzada atada por el centro, y en cada extremo había unas bandejas que también estaban atadas. En un lado se colocaban los productos y en el otro una pesa que se acordaba previamente.

 

Con el paso del tiempo se añadió una plomada para mostrar que estaba nivelada, y poco a poco se fueron incorporando nuevas mejoras.

 

Los romanos, que no querían depender de los inventos egipcios, empezaron a desarrollar su propia balanza, hasta que unos siglos antes del año cero nació lo que hoy se conoce como balanza romana, con un sistema complejo y asimétrico. Este tipo de balanza comercial España y la gran mayoría de países la han estado utilizando hasta bien entrado el siglo XX.

 

Evoluciones parejas

 

Ambos sistemas de pesaje han coexistido a lo largo de la historia, aunque han ido experimentando cambios, como la mejora de los contrapesos o la exactitud de las pesas con las que se medía.

 

Leonardo Da Vinci inventó en el siglo XV la que se considera como la primera balanza automática, que indicaba el peso de un producto en un cuadrante graduado de forma circular.

 

La era de la electrónica

 

Ya bien introducido el siglo XX y los sistemas métrico y anglosajón, llegaron las balanzas digitales, instrumentos muy complejos y precisos, capaces de pesar miligramos con facilidad, perfectas para industrias como la farmacéutica, que requiere de esta precisión para elaborar compuestos.

 

No obstante, el concepto por el que se siguen utilizando las balanzas continúa siendo el que empujó a los antiguos egipcios a desarrollar tal invento: saber con exactitud lo que pesan los productos que se colocan encima.

 

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